miércoles, 15 de junio de 2022

SENDERO OMINOSO

 SENDERO OMINOSO

Por: Manuel Guerra 


Parafraseando a Zavalita, podríamos preguntarnos: ¿Cuándo se jodió Sendero Luminoso?, o, en otras palabras: ¿Cuándo dejó de ser una organización de izquierda para convertirse en una estructura reaccionaria, degenerada moralmente, que hoy opera en el movimiento popular de la mano de los servicios de inteligencia sembrando desconfianza, difundiendo mentiras, dividiendo a sus organizaciones?


Como es sabido, en el árbol genealógico de la izquierda peruana, SL es una rama que se desprende de las bifurcaciones y divisiones del tronco matriz fundado por José Carlos Mariátegui en 1928. Apareció a finales de los 60 del siglo pasado, fruto de la ruptura del grupo encabezado por Abimael Guzmán con el PCP – Bandera Roja que lideraba Saturnino Paredes. 


Para entonces, Abimael Guzmán estaba empeñado en elaborar una “teoría” propia, en la que resulta evidente la asimilación antimarxista del marxismo,  la errónea interpretación del pensamiento del Amauta y de Mao Zedong, su apego al izquierdismo de la Revolución Cultural, la influencia del mesianismo bíblico, lo que en conjunto da como resultado una doctrina voluntarista, que no toma en cuenta la realidad objetiva, que exalta el papel del individuo y el culto a la personalidad, que distorsiona el principio del centralismo democrático para justificar el autoritarismo y el sometimiento de la militancia a la “jefatura”; que, en esa misma dirección, coloca al partido, ya no al servicio de las masas, como es el principio marxista, sino al revés, son las masas las que deben obediencia al partido, a cuya cabeza se encuentra un personaje iluminado, que nunca se equivoca, que a nadie rinde cuentas, que está por encima del bien y del mal. 


Así y todo, en los 70 aún se consideraba a SL como una corriente de izquierda —una izquierda “infantil”, como se decía entonces, acudiendo al adjetivo que usaba Lenin para referirse a los sectores radicalizados de la pequeña burguesía que confundían sus deseos con la realidad;  pero izquierda al fin y al cabo—, con quien había que debatir y deslindar, sobre todo en los claustros universitarios, donde sus militantes establecían airadas polémicas para sostener que la dictadura militar de entonces tenía un carácter fascista, que la sociedad peruana era semifeudal, que el trabajo de los partidos de izquierda en los sindicatos y sectores populares era un despreciable reformismo y que lo que correspondía hacer era preparar la guerra popular del campo a la ciudad.


Aunque en aquel periodo, en medio de las formidables luchas de masas contra la dictadura militar de Morales Bermúdez, casi todas las agrupaciones de izquierda pensaban en la inminencia de la revolución, a todos sorprendió que Sendero Luminoso pasara de las palabras a los hechos, justo en el momento en que los militares, derrotados, se retiraban a sus cuarteles y se abría paso la instalación de la Asamblea Constituyente y, acto seguido, la convocatoria a elecciones generales en 1980. Abimael Guzmán, que para entonces había vencido las resistencias internas que se oponían a una aventura militar y llevado a cabo la escuela preparatoria para el inicio de la lucha armada, escogió la víspera de las elecciones, 17 de mayo, para el inicio de sus acciones violentas en el lejano poblado de Chuschi, en Ayacucho.


Aún, cuando en las filas de la izquierda se tuvo claro que se trataba de una decisión irracional, las acciones iniciales de Sendero no dejaron de causar impacto en una militancia que se había forjado con el mito revolucionario y algunos de sus elementos radicalizados se fueron a buscar la revolución tras esas huellas y, más tarde también siguiendo los rastros del MRTA. Vale recordar que el Perú había tenido experiencias guerrilleras que, no obstante, también estar dominadas por el voluntarismo y el foquismo, se habían legitimado en los sectores populares por los códigos morales que encarnaban, el respeto a las masas, el heroico romanticismo de sus protagonistas.


Se pensaba que tal vez Sendero iba a ir por esa ruta; el multitudinario sepelio de Edith Lagos, en septiembre de 1982, en Ayacucho, evidencia que en aquel entonces en determinados sectores de la población existía un sentimiento que conectaba con sus acciones, o que por lo menos pensaban que de ese modo se estaba ajustando cuentas con un Estado que los había postergado y excluido durante toda la república.


Lo cierto es que ni las condiciones existentes, ni la concepción senderista calzaban con el desarrollo de una “guerra popular”, como proclamaba. Más allá del hecho señalado, Sendero carecía de una sólida base popular que le permitiera dar consistencia a un movimiento guerrillero; degeneró entonces en el terrorismo puro y duro. Impotente de ganar a las masas, se desbocó con furia su autoritarismo larvado, enfiló sus armas contra poblaciones indefensas e impuso el miedo como vehículo de sometimiento, asesinó a alcaldes, comuneros, declaró a los partidos de izquierda enemigos y obstáculos de la revolución; despreció a la labor sindical, ajustició también a militantes de izquierda, dirigentes sindicales, luchadores sociales, maestros, estudiantes. Siguiendo la lógica perversa que a más pobreza más revolución, destruyó maquinarias, instalaciones y cultivos, diezmó al ganado, prohibió llevar los productos al mercado. 


Ese es el momento en que se jodió Sendero, que consumó su abandono a las filas de izquierda y el pueblo para pasarse al lado de los enemigos. No podemos decir que Abimael Guzmán abandonara el marxismo, porque realmente nunca lo fue, nunca comprendió el marxismo, ni actuó como tal; tampoco su doctrina tiene conexión con el pensamiento de Mariátegui o el de Mao Zedong. Todas sus elucubraciones teóricas, que él mismo se encargó de denominar “pensamiento Gonzalo” son una burda impostura, un contrabando ideológico para erigirse como la “cuarta espada”, nada más, ni nada menos, que colocándose al lado de Marx, Lenin y Mao.


Sería cómico si no sería trágico. Alimentadas por esa concepción mesiánica, autoritaria, de culto a la violencia, pero también de extrema cobardía, las huestes de Sendero cometieron los más horrendos crímenes, cebándose abusivamente con los humildes campesinos de la sierra. La matanza de Lucanamarca, ocurrida el 3 de abril de 1983, en la que 69 pobladores fueron salvajemente asesinados, nos muestra el desprecio que tenían por la vida de la gente del pueblo, la sevicia que acompañaba a sus actos. De los asesinados, 18 eran niños, 11 mujeres, algunas de ellas embarazadas; la mayoría de ellos fueron muertos con machete y hacha, otros fueron ajusticiados con disparos a la cabeza; la masacre incluyó golpes, quemaduras con agua hirviendo, pisoteo de las cabezas de los niños.


¿Por qué tanta crueldad? ¿acaso de trató de una euforia criminal que se desató irracionalmente? Nada de eso; se trató de un acto fríamente planificado, decidido por la cúpula senderista. Nada más revelador que las palabras de Abimael Guzmán, cuando se refiere a este hecho en la llamada “Entrevista del Siglo”, en la que la megalomanía, el cinismo, la soberbia y el convencimiento que saldría impune, lo llevan a hacer la siguiente confesión: 


“Frente a acciones militares reaccionarias… respondimos con una acción devastadora: Lucanamarca. Ni ellos ni nosotros lo hemos olvidado, es seguro, porque obtuvieron una respuesta que no imaginaron posible. Más de 80 fueron aniquilados, esa es la verdad. Y decimos abiertamente que hubo excesos, como se analizó en 1983. Pero todo en la vida tiene dos aspectos. Nuestra tarea fue asestar un golpe devastador… para hacerlos entender que no iba a ser fácil. En algunas ocasiones, como esa, fue la jefatura central misma quien planeó la acción y dio las instrucciones. Así es como era. En ese caso, lo principal es que les asestamos un golpe devastador, los detuvimos y entendieron que estaban tratando con un tipo diferente de luchadores populares, que no éramos los mismos que aquellos con los que habían peleado antes. Esto fue lo que entendieron. Los excesos son el aspecto negativo… si diéramos a las masas muchas restricciones, requerimientos y prohibiciones, no significaría que en el fondo no quisieron que las aguas se desbordaran. Y lo que necesitábamos era que las aguas se desbordaran… porque sabemos que cuando un rio desborda sus orillas, causa devastación… El punto principal era hacerles entender que éramos una nuez dura de romper y que estábamos listos para todo”.


Lucanamarca fue el caso más emblemático de las numerosas masacres y asesinatos que llevó a cabo Sendero Luminoso, que no se circunscribieron a las zonas rurales, sino que se extendieron también a las ciudades, tal es el caso del aniquilamiento de María Elena Moyano, el atentado de la calle Tarata, en Miraflores, los asesinatos de militantes de izquierda, dirigentes gremiales, de estudiantes y maestros a lo largo y ancho del territorio nacional. La Comisión de la Verdad cuenta con testimonios e información documentada de los miles de muertos ocasionados por Sendero Luminoso, la gran mayoría de ellos civiles que no estaban involucrados en el conflicto. Muchos de estos asesinatos fueron llevados a cabo bajo la aplicación de la “democracia popular” al estilo senderista: La incursión de sus columnas armadas en los poblados, la convocatoria forzada a los habitantes para que participen en los denominados “juicios populares”, que invariablemente terminaban en el ajusticiamiento de los que ellos consideraban soplones, traidores o enemigos de la revolución.  


Abimael Guzmán, el flamígero adalid de la violencia, el que afirmaba no temer a la muerte y que la vida la llevaba en la punta de los dedos, el muy valiente que decía ser como una nuez dura de romper a la hora de justificar la matanza de campesinos inocentes, a los que consideraba simples “mesnadas”, fue capturado como un gatito domesticado, sin oponer ninguna resistencia. Se lo vio obedecer dócilmente las indicaciones de sus carceleros, luego recibir una torta de cumpleaños de manos de Montesinos, negociar un “acuerdo de paz”.


Durante el periodo de las acciones armadas, Sendero Luminoso sirvió a la perfección a los planes de la derecha para golpear al conjunto de la izquierda y al movimiento popular. La teoría marxista fue desacreditada, lo mismo que el pensamiento de Mariátegui y el de Mao Zedong. También fueron objeto de satanización los partidos comunistas, sus símbolos, como la bandera roja y la hoz y el martillo, los mismos que fueron hollados por aquella organización terrorista. La represión se extendió a todos ellos.


Una vez firmado el “acuerdo de paz” las huestes senderistas se dividieron, y una parte de ellos permanece en el VRAEM, coludida con el narcotráfico. Los otros se han dedicado a infiltrarse y dividir a las organizaciones populares, e incluso participar en determinadas organizaciones políticas. Resulta sintomático que los ataques de Sendero en la actualidad se concentren exclusivamente contra el Partido Comunista del Perú - Patria Roja, a todas luces convertido en su enemigo principal. Colocados del lado del enemigo de clase, su objetivo es desacreditar a Patria Roja usando a mansalva la mentira, la calumnia, el soplonaje. Pretendieron capturar la dirigencia del Sutep y no lo consiguieron; optaron por dividirlo a través de los Conare y el Movadef y tampoco lo consiguieron, a pesar del apoyo prestado por el Apra en tiempos de Huaynalaya y el respaldo del fujimorismo y ciertos “ingenuos” parlamentarios de otras tiendas políticas a Pedro Castillo; entonces con la ayuda de la patronal formaron su propio gremio, a ojos vista sin significación alguna.


Actualmente Sendero está realizando una frenética e innoble campaña para destruir la institución previsional del magisterio, Derrama Magisterial. Quitar la representación del Sutep en dicha institución y hacerla quebrar a través del retiro de los fondos por parte de sus afiliados es su meta, en la misma línea que lo intentó el gobierno de Alan García. Así como a Sendero Luminoso no le interesó un mínimo el bienestar de los campesinos, tampoco le interesa el bienestar de los maestros, ni tiene reparos en pretender destruir, en comparsa con los banqueros y la derecha neoliberal, una institución exitosa que otorga muchos beneficios a sus afiliados. Para Sendero el fin justifica los medios, no tiene escrúpulos ni empacho en caer en las prácticas más abyectas. Así ha sido antes y así es hoy. Con esto tenemos que lidiar.